Precios, stock, envíos y consultas del taller, respondidos en segundos con tus productos y tu forma de hablar. Vos entrás cuando alguien está listo para comprar.
La consulta llega a las once de la noche o un domingo. Cuando la ves, ya compró en otro lado.
"¿Cuánto sale?", "¿tenés stock?", "¿hacen envío?", "¿es original?". Siempre las mismas cinco preguntas.
Entre veinte mensajes tibios se pierde el único que estaba listo para pagar.
Tus productos, tus precios, tus promos, tus horarios y tu forma de hablar. No es un menú de "marque 1": conversa.
Responde en segundos, a cualquier hora, en Instagram y en WhatsApp. Y cuando no sabe algo, lo dice en vez de inventarlo.
Al que está listo para comprar te lo deriva con el nombre, el teléfono y el resumen de lo que quiere.
El asistente se arma distinto según de dónde te vienen los mensajes.
Vendés por Instagram y atendés el mostrador al mismo tiempo. Los mensajes se acumulan mientras estás con un cliente adelante.
Escribe como escribís vos, con tu tono y tus modismos. No manda bloques de texto ni menús numerados. La mayoría no se da cuenta, y si preguntan, no miente: dice que es parte del equipo y te pasa a vos.
No puede. Los precios salen de una lista que cargás vos, y hay un control que revisa cada respuesta antes de mandarla: si aparece un número que no está en la lista, la respuesta no sale y te avisa a vos. Lo mismo con tasar un usado: eso no se cotiza por chat, nunca.
No. Arrancamos por Instagram, que es donde está el volumen, y no toca nada de tu teléfono. WhatsApp lo sumamos después, cuando ya viste que funciona.
Al revés. Ves todas las conversaciones, cambiás precios y respuestas cuando querés, y podés apagarlo en cualquier momento. Cuando entrás vos a un chat, el asistente se corre solo.
Lo dice y te lo deriva. Está hecho para frenar antes que para improvisar: prefiero que te pase un mensaje de más a que le invente algo a tu cliente.
Depende del tamaño del catálogo y de si sumamos el servicio técnico o el seguimiento de pedidos. Hay una prueba de un mes para arrancar sin comprometerte. Te paso el número exacto cuando te mando el demo, sin vueltas.
El demo con tus productos, un día. Andando de verdad en tu Instagram, entre tres y cinco días desde que me pasás el catálogo.

Soy Cris Lemos. Hace más de veinte años que hago software y los últimos los pasé armando automatizaciones para negocios que venden por WhatsApp e Instagram.
Hoy tengo un vendedor de estos funcionando en un e-commerce de indumentaria deportiva que recibe cientos de consultas por semana. Ahí aprendí lo que más importa: que el asistente sepa frenar. Antes que improvisar un precio o prometer algo que no se cumple, prefiero que te pase el chat a vos.
No vas a hablar con un vendedor ni con un soporte. El que te arma el demo, el que lo programa y el que te atiende cuando algo falla soy yo.
Dejame tu Instagram y te lo armo con tus productos reales. Si no te convence, no pasa nada: te queda el demo igual.